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Los orígenes del Monasterio de Suso hay que explicarlos necesariamente
a partir de la vida del santo Millán. Es el santo el que da nombre
al valle y al pueblo, a las devociones y al monasterio. Millán
vivió como un anacoreta en unas cuevas, donde hoy está el
monasterio, en las que fue también enterrado en el año 574.
Con la vida eremítica de San Millán se inaugura la historia
de Suso. La evolución del tipo de religiosidad existente en cada
una de las diferentes etapas de su cronología (eremítica,
cenobítica y monástica) corre pareja a las diferentes transformaciones
constructivas que el edificio experimenta (cuevas, cenobio visigótico,
monasterio mozárabe y ampliaciones del románico).
Este cruce de diversas culturas se aprecia claramente en la actualidad,
ya que se pueden diferenciar las cuevas del edificio que aparece adosado
a la roca, donde se distingue la iglesia de dos naves de cinco tramos,
elementos arquitectónicos del primitivo edificio visigótico
del siglo VI y pórtico de acceso mozárabe del siglo X.
Tras la muerte de Millán, en torno a su sepulcro
se crea una primera comunidad de presbíteros. Esto significa un
primer cambio en el tipo de vida iniciada con el santo: se pasa de la
vida eremítica a la vida cenobítica. Ahora hay ya cierta
organización, ya se puede hablar de vida en común. Cada
eremita vive en su cueva y una vez por semana se reúnen en el nuevo
edificio, en el cenobio.
Sin serlo todavía oficialmente, el pueblo ha hecho
santo a Millán. Aquí se encuentra el germen del surgimiento
del Monasterio de San Millán. La afluencia de peregrinos al sepulcro
de San Millán es desde entonces continua. A partir de ese momento
el monasterio de San Millán de Suso va creciendo en importancia.
Entonces un monasterio no se correspondía con lo que hoy entendemos
como tal: eran centros de organización, por supuesto, religiosa,
pero también económica, cultural, sociológica e,
incluso, política.
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Destacaba ya Suso desde sus comienzos, en el aspecto cultural,
por su flamante escritorio, del que salió una buena y rica colección
de manuscritos y códices, entre los que destacan el Códice
Emilianense de los Concilios, datado en 992; la Biblia de Quiso,
que lleva data del 664, o una copia del Apocalipsis, de Beato
de Liébana y con la letra del siglo VIII, lo que le hace ser
uno de los principales escritorios, si no el más notable, de la
Edad Media Española. Nos encontramos en el período tal vez
de mayor esplendor del monasterio. Es el marco en el que va a surgir la
que hoy es la más antigua manifestación escrita de la Lengua
Española.A mediados del siglo XI el rey García Sánchez
mandó construir en Nájera el monasterio de Santa María
la Real. Tanto al rey como al obispo y a los nobles les pareció
conveniente que las reliquias de San Millán fueran trasladadas
a dicha iglesia. La Crónica Najerense cuenta que, al ir el rey
a realizar su propósito, ocurrió lo inesperado: una vez
cargados los restos del santo sobre un carruaje tirado por bueyes y cuando
la comitiva había bajado al valle, los animales se pararon y no
hubo fuerza humana que los hiciera avanzar ni retroceder.
El rey entendió que esto era un aviso del cielo y
decidió construir un nuevo monasterio sobre el lugar donde se habían
detenido los animales: el Monasterio de San Millán de Yuso. Con
el fin de diferenciar los dos monasterios, al de la parte baja del Valle
se le va a llamar San Millán de Yuso ( del latín deorsum,
que significa abajo) y al de la parte alta, San Millán
de Suso ( del latín sursum arriba).
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